Ya vivía en Madrid cuando, una mañana soleada de otoño, me topé de bruces con Pablo Núñez en la Casa del Libro de Gran Vía. Yo había ido a comprar tres ejemplares de la magnífica novela Tokio Blues para regalársela a tres amigos que cumplían años en esas semanas. Él venía a la capital en una de sus habituales visitas a las librerías de viejo y la biblioteca nacional, creo recordar.

Nos habíamos conocido años atrás en la facultad de Lejona, en alguna de las clases de la carrera de Periodismo. Y, a pesar de tener muy buenos amigos comunes, hasta entonces nuestra relación no había pasado de la mera cordialidad y algunos mails. Sin embargo, en pocos minutos quedó patente que aquel encuentro no era casual y que allí había mucha tela que cortar.

Ya en una tasca, con cerveza y ensaladilla por medio, fuimos construyendo puentes, códigos comunes, rudimentos de una amistad que aún hoy sigue madurando.

Desde entonces, muchas veces por teléfono y algunas en persona, hemos aprendido casi siempre a duras penas a desenvolvernos como ciudadanos y seres humanos perplejos, pero también como poetas solitarios.

Poco después del narrado encuentro yo publiqué mi primer poemario con el sello de autoedición de la editorial Ópera Prima. El pasado verano él publicó sus primeros poemas en un compendio colectivo titulado Tempus fugit.

Pablo es, igual que su poesía, lúcido y humilde. También hondo y certero, sobrio y meticuloso, franco y contenido. Su palabra hermosa y queda resulta imprescindible en los tiempos que corren.

Aquí tenéis la grabación en la que Pablo recita en la presentación del mencionado libro cuatro de sus poemas. Espero que os guste.
http://youtu.be/F-Ly1AGzNIw

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