Ahora que se acercan las elecciones generales en España y que felízmente columnas de indignados se apoderan del centro de casi todas las grandes ciudades del mundo, rescato un artículo de opinión que escribí el pasado mes de mayo para el periódico digital Plaza Pública sobre el inesperado surgimiento del movimiento español del 15M.

Cuando publicamos la pieza el 15M era un embrión; un extraño habitante de portadas de periódico y cabeceras de telediario; apenas un reducto de rebeldía, esperanza, creatividad y alegría en mitad de un mundo que quizá empezaba a sentirse definitivamente derrotado e impotente ante la crisis que él mismo había creado.

Que estuviésemos ante un fuego fatuo o ante una generosa y duradera hoguera con la que calentarnos durante todo un largo y desangelado invierno dependía de muchas cosas. Pero la incertidumbre no se transformó en inmovilismo, ni el miedo en desazón. Y finalmente la opinión pública tuvo necesariamente que ponerse del lado de los indignados.

Quizá era que, en mitad de un paisaje catártico como ese, por una vez en la historia y sin que casi nadie pudiese anticiparlo, aquella generación de jóvenes arduamente descalificada por la sociedad española demostró tener una gran valentía tomando a su manera, con sus herramientas y su estilo propio el testigo de sus padres.

A lo largo de estos meses la sensación de zozobra se ha agudizado sensiblemente, y nos hemos sentido en varias ocasiones al borde del abismo. Pero la paciencia es una de las grandes virtudes del 15M. Por otro lado, el movimiento ha sido afectado por el ruido mediático. Sin embargo, la corriente de indignación ha perseverado y se ha ramificado, enriqueciéndose con opiniones, movilizaciones y causas que lo convierten en un ente sociopolítico complejo e interesante.

Llegados a este punto, solo queda decir que la responsabilidad ante los acontecimientos que han precipitado la crisis y los que se han producido a lo largo de la misma no solo apelan a la responsabilidad y la conciencia colectiva de la ciudadanía. Es el momento en el que los políticos deben reivindicarse, abandonar la retórica y la exasperante parsimonia institucional y actuar antes de que sea demasiado tarde y el mundo sea definitivamente un lugar gobernado por la codicia.

Aquí tenéis el artículo
http://plazapublica.com.gt/content/impresiones-sobre-el-15m

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