Ángel González (Oviedo, 1925 – Madrid, 2008) era uno de los últimos poetas miembros de la generación del 50 que quedaba con vida. En 1985 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y en 1996 se convirtió en académico de la lengua. Ese mismo año le concedieron también el Premio Internacional Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Pesimista, críptico y comprometido, su poesía, intimista y queda, conmueve por su belleza, su sobriedad, su profundidad y su convencida desesperanza.

Ángel González abordó en su obra temas como el compromiso del ser humano ante los problemas de la sociedad, la ausencia, la muerte, la soledad del individuo o el amor.

El encuentro con el poeta tuvo lugar seis meses antes de su muerte, en la mañana posterior al recital que ofreció en Gijón con motivo de la Semana Negra. Pablo Núñez, González y yo estábamos sentados en una terraza situada al costado del hotel Don Manuel. Ángel tomó café solo, dos tazas, mientras contestaba con lentitud y parsimonia.

¿Qué significa para usted recitar en público?
-Es una manera de llegar al lector, que es la que creo yo que es la meta de la escritura. También sirve para darles mi versión o mi lectura de las cosas, que no siempre es la misma que la suya.

¿Cambia un poema escrito cuando se lee ante un público que escucha?
-Yo pienso que sí. Hay una lectura diferente por parte del oyente. Como digo, quizá mi lectura no sea la suya pero yo la presento porque pienso que hacerlo es útil.

¿Qué es la poesía?
-Es una pregunta que no sabría contestar. Una vez, hace años, me pidieron que dijera algo en este mismo sentido, y acudí a algunos diccionarios especializados como la Enciclopedia de Princeton, en la que no figuraba tal término. Pero, lógicamente, algo es. Yo creo que es literatura, frente a otras opiniones que afirman que no lo es, y que está vinculada con la magia o el talento. Yo pienso que son palabras que componen un género literario y nada más. La gente imagina al poeta volando por las nubes y contactando con la divinidad, pero yo creo que es mucho más sencilla que todo eso.

¿Desde dónde escribe sus poemas?
-Aunque trate de guardar distancia los escribo desde la persona. Casi siempre escribo a partir de vivencias experimentales. Trato de dar mi versión de las cosas, del mundo y de mi intimidad. Trato de describir todo ese complejo entramado de circunstancias que rodean al ser humano. También hablo de los temas sociales que, finalmente, se convierten en íntimos y personales.

¿Para quién escribe?
-No escribo para nadie, en realidad. Sé que tiene que haber un lector para completar el poema. Pero cuando escribo no lo tengo en mente. Cuando escribo no voy más allá del ámbito de las palabras y el papel.

¿Cómo ve la poesía española actual?
-No la conozco toda. Soy muy mayor y las cosas se alejan de mí, o quizá yo lo hago de las cosas, no lo sé. Sí que hay una generación, la de García Montero, que conozco mejor, y que me parece que tiene figuras importantes. La del propio Luis, Benjamín Prado o Felipe Benítez Reyes. Son poetas muy serios y muy importantes. Me parece que no está en mal momento la poesía española.

¿Por qué se lee tan poca poesía?
-La poesía siempre fue un gjénero minoritario. Presenta más
dificultades para el lector que la prosa. Necesita una especie de recreación del poema. Y eso no todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Por otra parte hay mucha poesía hermética y esteticista que creo que aleja a los lectores. Como decía Antonio Machado, la palabra es muchas cosas como por ejemplo música. Pero también se habla. Es necesario que la palabra poética que diga cosas las diga sin demasiado hermetismo. La palabra poética siempre tiene un margen de ambigüedad que debe resolver el lector como quiera o crea, siempre y cuando no sea una interpretación disparatada.

¿Usted cree que la poesía cambia la realidad que describe?
-La poesía cambia nuestra visión de las cosas, o puede cambiarla. Y como el mundo es en realidad la forma en la que lo percibimos, cambiar la concepción de la vida o del mundo equivale a cambiar el mundo en cierta medida.

¿Puede la poesía adoptar un enfoque socialmente crítico?
-Puede tomarlo, sin duda. Yo no soy partidario de ponerle deberes a la poesía. Pero sí puede. Ya hablaba Gabriel Celaia de la poesía como herramienta capaz de transformar el futuro en el sentido limitado en el que yo lo planteo. Si cambia nuestra percepción del mundo cambia el mundo.

¿Está el poeta obligado a ser socialmente comprometido?
-El poeta no está obligado a ser socialmente comprometido, pero el hombre sí. El hombre debe criticar la historia y la sociedad en la que vive. De ahí nace el verdadero compromiso del poeta. El poeta debe estar comprometido con las experiencias del hombre y no está mal que las exprese en un poema.

¿Por qué empezó a escribir poesía?
-Porque empecé a leerla hacia el final de mi adolescencia. Ese tiempo me hizo hacer algo parecido a lo que yo leía. Claro que mis primeros poemas son absolutas imitaciones débiles de lo que yo tanto admiraba. Y seguí escribiendo.

¿Sus poemas de amor son siempre dirigidos a mujeres ciertas?
-Generalmente sí. Habrá alguna que no, pero en la mayoría de los casos fueron escritos a mujeres corrientes.

¿Y qué opinaron ellas?
-No lo sé. Esa es la verdad.

¿Qué diría de su periplo en Estados Unidos?
-Fue un periodo de mi vida muy poco estimulante. Viví en una ciudad que no tiene vida urbana. Allí no hay gente andando por la calle como aquí. En España veo otro modo de enfrentar la vida. Se comparten más cosas.

¿Qué diferencia al Ángel que escribió “Áspero mundo” del que escribió “Otoño y otras luces?
-Han pasado muchos años por medio. Tal vez haya una mirada más melancólica, más nostálgica en otoños, quizás. Echo de menos lo vivido que fue mucho. En “Áspero mundo” empezaba a vivir. Era joven cuando lo escribí aunque no lo publiqué hasta tener 30 años.

¿Sigue pensando que el mundo es áspero?
-El mundo tiene notables asperezas. Pero no solo eso. Hay más que amargura y dolor, pero sí lo es.

Aquí os dejo el poema Para que yo me llame Ángel González, una de sus mejores creaciones, leído por su autor:
http://youtu.be/nWU_r0UN7bo

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