Campanadas blancas crispan el tiempo de Trastévere. Empedradas calles extrañamente vacías se extienden bajo tus pies tristes. Los turistas callejean buscando tratoria para el hambre y hotel para la duermevela.

En el ghetto judío un gato rasga la tela del techo de un descapotable y dormita. Más allá, en el área sacra, algunos otros languidecen al sol o copulan protegidos por la sombra. En las termas de Diocleciano se oculta el resto tras los últimos matorrales.

Después cerveza fría en San Lorenzo y Chianti por Plaza España. Al doblar la esquina está la fontana, ya sin Anita. Bajo el leve diluvio el gentío de siglos
fotografía sus estatuas.

Una pareja se besa ante un tétrico cuadro de
Caravaggio. Un café con espuma hasta que cese la tormenta junto al mercado del Campo de Fiori.

Caminar como en un vago viaje tras los
pasos de un vago viaje.

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