Cuentan que cuando tras cruzar por primera vez el océano Atlántico las tres carabelas de Colón se hicieron visibles en el horizonte desde las tierras de América el chamán de la tribu, QUE AL IGUAL QUE SUS CONGÉNERES JAMÁS HABÍA VISTO barco alguno ni objeto remótamente parecido, solo pudo advertir las ondas que estas producían en el agua, nada más.

Inquieto ante aquel misterio, a lo largo de las siguientes jornadas el brujo se dedicó a apostarse en la playa FRENTE AL MAR únicamente para observar aquellas extrañas formas que crispaban el agua sin motivo aparente. Y de pronto, unos días después, a base de observar y observar, con una enorme ansia por ver aquello que se le ocultaba ante sus ojos, logró descubrir el objeto que producía las ondas: aquellos extraños artefactos flotantes llenos de gente.

Exultante tras su hallazgo, corrió a contarles al resto de miembros de la tribu lo que había descubierto. Y, curiosamente, ninguno de los que se acercaron al borde del mar a observar los barcos de los que el chamán les hablaba tuvo problema alguno en distinguirlos nítidamente a lo lejos acercándose.

Varios siglos después, en un moderno laboratorio de occidente, unos científicos descubrieron que el cerebro humano utiliza la misma zona para ver un objeto que para imaginarlo. Entonces, ¿qué hicieron quienes siguieron al chamán hasta la orilla, ver o imaginar las naves? Pero sobre todo: ¿por qué?

Si este relato os ha inquietado, el siguiente vídeo os parecerá sencillamente brutal. Ah, aviso para navegantes, dura casi dos horas, así que hacéos con un paquete de patatas para acompañar. Solo una cosa más, a quien le guste: hay un libro que amplía el documental:. http://youtu.be/fphrWLWW7Dc

Anuncios