La mejor definición de la poesía me la dio Javier Reverte hace diez años en el Retiro de Madrid. Para el novelista madrileño la poesía es la palabra del hombre. Sin embargo, siendo así, desde sus inicios arrastra consigo un pesado estigma de hermetismo e incomprensión que ha durado hasta nuestros días.

Por algún motivo, aún hoy los poetas (conste que me da mucho respeto utilizar aquí la primera persona del plural e incluirme en un colectivo en el que militan Antonio Machado, Ángel González o Pere Gimferrer) no hemos logrado hacer completamente accesible nuestra obra ni acercarnos a la gente en la medida en la que sería deseable y necesario.

Quizá porque no hemos conseguido que se comprenda la verdadera dimensión de la poesía: su hondura, su mensaje, su papel dentro de la realidad. Y eso que existen relevantísimos y reconocidos exponentes de la misma, como Arthur Rimbaud, Pablo Neruda o Federico García Lorca, que han llegado a rincones nunca soñados por ellos en el imaginario colectivo universal.

Quizá porque como reza la famosa cita, los poetas oscurecen sus propias aguas para hacerlas parecer más profundas. Y eso no es algo de lo que debamos estar ni satisfechos ni orgullosos.

Al menos bajo mi punto de vista, el poeta tiene el deber de intentar acercarse al otro, de ofrecer lo mejor de sí mismo teniendo muy presente el gran respeto que el lector merece. Luego podrá lograrlo o no, pero eso no depende únicamente de él.

Sintetizando perfectamente esta filosofía Neruda dijo en uno de sus poemas: “en una línea de mi poesía secaron ropa al viento”. ¿Qué mejor lugar para la poesía que la cotidianidad de las gentes? Yo no puedo imaginarlo. Si bien eso no significa que toda la atención del autor debe estar fija en qué dirá o qué comprenderá el lector, ni que toda la responsabilidad de la distancia entre poesía y público recaiga en los autores.

Porque no todos los poetas se ocultan en la tiniebla de la palabra. Además, es bien cierto que en la mayoría de las ocasiones que alguien no sea asiduo lector de poesía es única y exclusivamente porque no ha encontrado al autor idóneo para empezar.

En este sentido, hay muchos que pueden hacer que alguien se enganche a la poesía. Los seis autores mencionados anteriormente, por ejemplo. Pero hoy yo quiero proponeros uno en especial. Es Víctor Botas, un poeta asturiano ya fallecido que es absolutamente desconocido para el gran público y, según creo, muy poco frecuentado en los mentideros poéticos. Su poesía es clara y conmovida, honda, realista y sobria.

Aquí os dejo uno de sus maravillosos poemas leído por Leopoldo Sánchez Torre http://youtu.be/4AeKp-XSHVM

Anuncios