Flor del espanto:
De pronto
un día
tu voz era
un paño blanquísimo con manchas de sangre.

Y sin embargo,
cuando
el animal del tiempo
nos clavó
sus ojos vacíos
fuiste tú
quien le sostuvo la mirada.

Después
tomaste mi mano
y nos alejamos en la noche eterna.

“La ciudad prohibida o las flores de orégano” (Madrid: Edición Personal, 2006).

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