El otro día leí una entrevista al brillante director de cine David Fincher en la que decía: “…cuando era un bebé de 30 años…”. Esa afirmación, a todas luces reveladora, me hizo pensar en un gran verso del poeta andaluz Caballero Bonald que dice: “somos el tiempo que nos queda”. Y ahora que escribo este post, también me viene a la cabeza una bellísima cita del novelista Juan Benet que viene a colación y que reza: “¿El tiempo? ¿Dónde está eso? Querrás decir la lluvia, la lluvia…”.

Entonces, ante este trío de citas más o menos cultas sobre esa silente materia cabe preguntarse: ¿qué pesa o importa más?, ¿el tiempo que nos queda o el que hemos vivido? Difícil saberlo…

Por otro lado, ya no recuerdo si la física cuántica demuestra o no la existencia del tiempo. Lo que sí resulta evidente es que, al menos a un nivel poético, o quizá tan solo lírico o racional, sea lo que sea el tiempo, existe y transcurre ahora más velozmente que antes. Quiero decir más rápido que en nuestra infancia. Pero también más allá, en la infancia de nuestros padres, e incluso que en las vidas de gentes que vivieron mucho antes que nosotros. O al menos esa es la sensación que yo tengo.

Y sin embargo, con todo este tiempo más o menos acelerado a la espalda, quizá sea cierto y terrible lo que dice Federico Lupi en la película “Lugares comunes” y, aunque nos duela asumirlo, la
experiencia no implique conocimiento. Aunque, como he leído hace poco en un libro, al menos te da herramientas. Sería bueno, entonces, empezar a utilizarlas.

Para despojarnos de tanta gravedad, aquí tenéis la particular forma de ver el tiempo de The cure:
http://youtu.be/wa2nLEhUcZ0

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