Ahora que una amplia exposición de Marc Chagall se expone en Madrid, he recordado que ahce ya algunos años un amigo me mostró un
escalofriante poema de Blaise Cendrars sobre el pintor. Me gustó tanto que lo leímos en antena en un programa de contenido cultural que hacíamos cada sábado por la mañana en una emisora pirata de Bilbao. Es más: en ese mismo programa aunque otro día, llegamos a representar en antena, como si eso fuese algo sencillo y natural, una pintura de Chagall titulada “Half-past-three. The poet”.

Esto último me lo recordó hace tres semanas otro amigo que, por otra parte, fue nuestro técnico de sonido esa mañana y no tuvo mayor problema en participar del extravagante happening radiofónico. Por si esto no fuese suficiente, el programa se llamaba “La ciudad
prohibida”. ¿Acaso no es ese un excelente título para una pintura de Chagall?

Es curioso, porque este amigo ya no vive en España. Pero si lo hubiese hecho, hubiésemos ido encantados los dos a postrarnos ante los cuadros del genio ruso. Y ahora que releo el poema y que recreo las
explicaciones que sobre los cuadros me dió hace un par de semanas un amigo en el museo, me doy cuenta de que aquella época de la radio pirata y la inmediatamente posterior
https://asiervazquez.wordpress.com/2011/10/20/van-gogh-y-los-anos-madrilenos/ y la visita a la exposición en el presente estaban conectadas en el tiempo a través de un pasadizo sutil pero inevitable que, dando la razón a los surrealistas, quizá tenía la forma de un poema elástico de Cendrars.

‘Retrato’, de Blaise Cendrars (1887 – 1961)

Está durmiendo

Se despierta.

De repente, está pintando.

Toma una iglesia y pinta con una iglesia

Toma una vaca y pinta con una vaca

Con una sardina

Con cabezas, manos, cuchillos

Pinta con un nervio de buey

Pinta con todas las sucias pasiones de una pequeña ciudad judía

Con toda la sexualidad exacerbada de la provincia rusa

Para Francia

Sin sensualidad

Pinta con los muslos

Tiene los ojos en el trasero

Y de pronto es tu retrato

Es tú lector

Es yo

Es él

Es su novia

Es el tendero de la esquina

La vaquera

La comadrona

Hay cubetas de sangre

En ellas se lava a los recién nacidos

Cielos de locura

Bocas de modernidad

La torre en tirabuzón

Manos

Cristo

Cristo es él

Pasó su infancia en la Cruz

Se suicida todos los días

De pronto deja de pintar

Estaba despierto

Ahora está durmiendo

Se estrangula con la corbata

A Chagall le sorprende seguir viviendo.

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