Era domingo por la tarde. Entré junto a dos amigos en un videoclub para alquilar una película. Inmediatamente me percaté de que lo que sonaba en los altavoces del establecimiento no era cualquier grupo pop carne de hilo musical o algo peor. Se trataba de una voz inusualmente grave pero conmovida, guitarras lánguidas y un piano mezclados en una tesitura realmente llamativa.

Al salir de allí le pregunté al dependiente por la procedencia de la música. Pero, o él no lo dijo con claridad o yo no lo escuché bien. Y estuve al menos una semana buscando infructuosamente en Internet, tiendas de discos y entre amigos a un tal Micah Peigison hasta que desistí y lo di por imposible.

Tuvieron que pasar varios meses para que un amigo me pusiese un sms diciéndome: he estado en un concierto de Micah P hinson, es increíble, tienes que escucharlo, hasta me ha hecho llorar.

Y, finalmente Micah, con su voz cabernosa y rota, su maravilloso inglés texano y su folk casi crepuscular llegó a mi discoteca. Y sirvió como fondo en un puñado de sesiones inolvidables de amistad, música y whiskcy acaecidas casi siempre al caer la tarde.
http://youtu.be/QiVS56IePXw
http://youtu.be/mI89TTtqxvo
http://youtu.be/1J-LQk-tXv8
http://youtu.be/C7xuPnHfWKs

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