Habrá que hacer méritos para que llegue la primavera…

Pasear por el Retiro en la mañana cuando en verdad tenemos que estar trabajando en una oficina tan sórdida

pedir una botella de vino más cuando el bar esté a punto de cerrar

comprobar el tacto del sol y la luna por las aceras

cruzar los días y los calendarios en diagonal

comer como nos amamos, mientras nos amamos

visitar sin asomo de contrariedad una exposición de arte moderno conceptual, sin duda vanguardista y sobre todo inexplicable

Habrá que hacer méritos para que llegue la primavera…

Apurar los poemarios de noche a la luz de una vela trémula

fotografiarse con la higuera de la alegría de fondo

leer a Ovidio por si entre tanto aparece la deseosa que puso un anuncio por palabras en un libro de Gonzalo Rojas

escuchar los nocturnos de Schopin a las doce de la mañana

perfumarse con unas gotas de rocío

Habrá que hacer méritos para que llegue la primavera…

Arder en la hoguera del deseo y renacer de nuestras cenizas como el olvido

confeccionar un paraguas con una rosa gigante y utilizarlo en los días despejados

olvidar en casa la rosa en los días de tormenta

alquilar una habitación en la ciudad prohibida

poner de acuerdo a la materia, la luz, la carne y los sueños, para que nos encontremos al fin tú y yo en el mismo lugar, el mismo instante, el mismo pensamiento, el mismo augurio, el mismo deseo.

Habrá que hacer méritos para que llegue la primavera…

“La ciudad prohibida o las flores de orégano” (Madrid: Edición Personal, 2006).

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