Si pienso en botas, recuerdo con nostalgia las de cuero español que un Bob Dylan jovencísimo, melancólico y enamorado le pide que le envíe desde ultramar a su amor lejano por carta. También están las que Nancy Sinatra se enfunda, retadora, para caminar sobre él un día de estos.

Pero hoy me apetecen mucho más estas, que no son ni de cuero español, ni lejanas ni retadoras. Son, tan solo, las botas de Eleanor.

http://youtu.be/-ws50OwSgdQ

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