La enorme abstención es una de las señales más claras de que las democracias modernas deben sufrir una revisión completa de sus fundamentos y su aplicación práctica. Para mí, que me he abstenido durante varios comicios y que ahora voto sin convencimiento a la que considero como la menos mala de las opciones, resolver esta profunda crisis en la estructura de los estados constituye el mayor reto para la clase política y la sociedad en su conjunto. Cuando dejemos de pensar que quien no vota no tiene derecho a criticar y nos dediquemos a trabajar en reducir esta abstención haciendo de la política algo realmente cercano a los problemas de la gente habremos dado el primer paso en la dirección correcta.

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